Balance técnico, humano y vital de un año de transición
El final de año siempre invita a hacer listas y reflexiones. Este balance tecnológico 2025 invita a repasar proyectos entregados, tecnologías probadas y métricas cerradas desde la mirada de quien lidera la tecnología. Pero con el tiempo he aprendido que lo que realmente perdura no es cuánto hiciste, sino qué entendiste mejor. Y 2025 ha sido, sin duda, un año de entender.
Ha sido un año exigente, transversal y muy real, marcado por este balance tecnológico 2025 que ha obligado a priorizar criterio frente a velocidad. Menos centrado en lo nuevo por lo nuevo, y más en consolidar, ordenar y construir con sentido. Menos fuegos artificiales, más arquitectura, más producto, más datos… y mucho oficio.
Hace justo dos años asumí el liderazgo tecnológico en Entornos de Formación. Este 2025 ha sido el más intenso de ese ciclo: no porque hayamos cambiado todas las herramientas, sino porque nos hemos enfocado en ordenar sistemas, alinear equipos, producto y negocio, y demostrar que la estabilidad y la claridad también son decisiones estratégicas.
Liderar tecnología como ejercicio de criterio
Este balance tecnológico 2025 ha puesto de manifiesto que liderar tecnología va mucho más allá de elegir herramientas.
Liderar tecnología este año ha significado diseñar arquitecturas que crecen sin romperse, priorizar mantenibilidad sobre soluciones rápidas, acompañar a equipos y clientes en decisiones complejas, y convertir conocimiento técnico en sistemas que funcionan día a día. La gran lección: el liderazgo técnico no consiste en decidirlo todo, sino en crear un entorno donde las buenas decisiones surjan de forma natural.
Plataformas educativas: estabilidad frente a fuegos artificiales
Desde la perspectiva de este balance tecnológico 2025, las decisiones sobre plataformas educativas han sido especialmente reveladoras.
En el día a día, eso se ha traducido en elecciones concretas. Seguimos apostando por plataformas consolidadas como Moodle y Canvas LMS, no porque sean perfectas, sino porque son predecibles, extensibles y honestas con sus límites. También hemos trabajado con Sakai en su versión 25, aunque con un peso menor dentro del ecosistema, siempre bajo el mismo criterio de estabilidad y coherencia arquitectónica.
Pero el reto ya no está en la plataforma en sí, sino en cómo se integra, se personaliza y se mantiene. Hemos aprendido —una y otra vez— que personalizar no es sobrecargar, que integrar bien mediante APIs y LTI aporta más valor que acumular plugins, y que el soporte y el mantenimiento forman parte del producto, no son un extra.
Datos, GIS y visualización: pensar antes de construir
En este balance tecnológico 2025, el trabajo con datos y sistemas GIS ha reforzado la importancia de entender antes de construir.
Con los datos y los sistemas GIS ha pasado algo parecido: visualizar no es decorar, es pensar. Un buen visor no impresiona; aclara. Y cuando aclara, ahorra tiempo, reuniones y errores. Este año hemos priorizado rendimiento real, carga progresiva y visualizaciones que responden a preguntas concretas, no a paneles genéricos.
Inteligencia artificial: menos hype, más valor real
En inteligencia artificial, el aprendizaje ha ido en dirección contraria al ruido. Ya no se trata de qué se puede hacer, sino de qué merece la pena hacer. La IA funciona cuando se integra en flujos reales, cuando desaparece dentro del proceso y ahorra tiempo sin comprometer privacidad ni control.
A nivel personal y técnico, el uso de herramientas como GitHub Copilot, Cursor y otros asistentes basados en IA ha sido clave para acelerar prototipos de desarrollo, explorar soluciones y validar enfoques con mayor rapidez, sin perder calidad ni criterio técnico. No han sustituido el diseño ni la arquitectura, pero sí han reducido fricción en la ejecución.
Gracias a este uso consciente de la IA, 2025 ha sido también un año de mayor productividad, no por hacer más sin sentido, sino por dedicar más tiempo a pensar, revisar y decidir mejor.
Construir producto en entornos reales
Este balance tecnológico 2025 también ha servido para madurar la forma en la que concebimos y construimos producto.
También hemos avanzado en producto. Proyectos como Flashcards nos han enseñado que el reto no es pedagógico, sino estructural: multi-tenancy, identidad, permisos, analítica… y la capacidad de integrarse en ecosistemas reales. Un piloto no es un producto, y la complejidad institucional exige diseño de largo plazo.
Mientras, líneas como Guide Wizard y EduID nos han reafirmado algo clave: las plataformas no compiten por número de funcionalidades, sino por coherencia. Estandarizar no es rigidizar; es reducir fricción. Y la identidad educativa va mucho más allá de la autenticación: es trazabilidad, microcredenciales, interoperabilidad y confianza entre sistemas.
Presencia en eventos y validación externa
Este año también ha tenido una dimensión importante de contraste externo. Hemos tenido presencia en eventos clave del sector como Bett London 2025, EdTech Barcelona 2025 y 1EdTech Learning Impact Europe 2025. Más allá de la visibilidad, estos encuentros han servido para validar decisiones, contrastar enfoques con otros equipos y comprobar que muchos de los retos que afrontamos son compartidos.
Especialmente significativo fue el reconocimiento recibido en Learning Impact Europe 2025, donde EduID fue premiado, no como una idea futurista, sino como una solución real, interoperable y alineada con las necesidades actuales de las instituciones educativas.
Ofertas técnicas y licitaciones: escribir también es arquitectura
Uno de los aprendizajes más prácticos del año ha sido mejorar la redacción de ofertas técnicas en licitaciones. Una buena propuesta no demuestra cuánto sabes, sino cuánto entiendes a quien la va a evaluar. Escribir para quien puntúa —no para quien desarrolla—, conectar cada decisión técnica con los objetivos del pliego y dar trazabilidad a las soluciones propuestas ha convertido la escritura en una extensión natural de la arquitectura.
El blog como disciplina, no como marketing
A principios de año me propuse publicar 52 artículos, uno por semana. La idea no era hacer marketing, sino ejercitar la disciplina de ordenar ideas y compartir aprendizajes reales. Durante la primera mitad del año lo conseguí, pero el último trimestre cambió el ritmo: cierre de proyectos, nuevas propuestas, licitaciones clave y una mayor carga de responsabilidad que obligó a priorizar.
El año se cierra con 33 artículos publicados. Menos de lo planeado, pero con una convicción más clara que nunca: prefiero escribir menos y mejor, con experiencia real y utilidad probada, que cumplir una meta solo por inercia. El blog no se detiene; se adapta. Igual que la arquitectura, igual que el liderazgo.
Personas, equipos y oficio
Más allá de la tecnología, lo más valioso sigue siendo lo humano. Este año ha reforzado convicciones simples pero profundas: documentar es una forma de respeto, decir “no” a tiempo también es liderazgo, la confianza se construye con previsibilidad, y el oficio se nota cuando hay presión. Escalar tecnología sin escalar criterio y cuidado humano solo genera desgaste.
Mirando a 2026: foco, propósito y tiempo
Este artículo se apoya en muchos de los aprendizajes que he ido desarrollando a lo largo del año en la categoría de EdTech, donde reflexiono con más detalle sobre liderazgo tecnológico, plataformas educativas, Moodle, IA aplicada a educación y construcción de producto institucional.
Este balance tecnológico 2025 no es solo una mirada al pasado, sino el punto de partida para decidir cómo construir el próximo ciclo con más intención.
Mirando a 2026, sé que el próximo año traerá nuevas responsabilidades: como CTO, como desarrollador… y como padre. Mi objetivo profesional sigue siendo el mismo: menos ruido, más foco; mejor producto, tecnología con propósito y equipos sólidos. Pero ahora lo persigo con una mirada más humana, más paciente y más intencionada.
Porque cuando el año termina, lo que realmente permanece no son las líneas de código, sino las decisiones bien tomadas, las personas bien acompañadas… y las vidas que están por comenzar.






